Francisco Barrios

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Dementes

In Off on 22/01/2019 at 14:15

“Dice que es extraño, si te paras a pensarlo, que personas normales, inteligentes, puedan creer en algo tan insensato como la religión cristiana, algo del mismo género que la mitología griega o los cuentos de hadas. En los tiempos antiguos, se puede entender: la gente era crédula, la ciencia no existía. ¡Pero hoy! Si un tipo creyera hoy en día en historias de dioses que se transforman en cisnes para seducir a mortales, o en princesas que besan sapos que, con su beso, se convierten en príncipes encantadores, todo el mundo diría: está loco. Ahora bien, muchas personas creen en una historia igualmente delirante y nadie les toma por dementes.”

El Reino, Emmanuel Carrère (Anagrama, Madrid: 2015)

El bómper

In Off on 18/01/2019 at 08:35

Un día estaba dando reversa en el garaje de un edificio en Bogotá. Sabía que el espacio era muy estrecho y que posiblemente le pegaría a otro carro, así que lo hacía con mucha cautela. Un par de residentes se bajaron de su carro en el momento en el que toqué a otro carro con el bumper del mío. Ni pensé en bajarme. Solo di marcha adelante. Pero cuando vi que los del otro carro se acercaron a ver el daño que le había hecho al carro, pues me bajé. Frotaron el bumper del otro carro como para ver si debajo del polvo había algún daño irreparable. ¡Por supuesto que no! El bumper es para eso. Y lo escribo en inglés para recordar el origen del término: del verbo to bump: chocar con, topar. Y esa es otra de esas reacciones automáticas en Colombia; a alguien se le ocurrió que era así y entonces, si uno toca a otro carro, hay que bajarse a ver. Para eso se hicieron los bumpers: para reducir el impacto de los golpes y, en el caso de un leve toque, para que no afecte a los carros en lo más mínimo. Y su traducción correcta es guardabarros o guardafangos, pero aquí adoptamos el término sin saber su significado y, por lo tanto, su uso.

La civilización

In Off on 17/01/2019 at 08:13

Por la Avenida Diagonal de Barcelona, a la altura del Paseo San Juan, hay una glorieta mal señalizada en la que convergen los carros a alta velocidad. Un conductor decidió cambiar de carril antes de llegar a la glorieta y al hacerlo cerró al carro de atrás, que por poco lo choca. Los dos autos frenaron y del carro de atrás se bajó la mujer que iba de copiloto. Se acercó a la ventana del conductor imprudente, ese que casi los hace matar, y con las manos siempre cruzadas en su espalda a la altura de la cintura, lo insultó a gritos de la peor manera. Pero nunca se acercó demasiado al vidrio, nunca hizo el menor gesto de agredirlo físicamente, ni siquiera de golpear el carro. Vi esa escena hace más de diez años. Pasaron tres mil para llegar a eso: la civilización.

Comemierdas

In Off on 13/01/2019 at 11:06

Vamos con unos amigos a un restaurante que, les digo yo, es muy bueno. Es de esos restaurantes de barrio que no son de “corrientazo”, pero que tampoco tienen vinos en la carta. Es, digamos, en el que almuerzan los jefes de las oficinas, no los empleados. Nuestra orden se tarda, el servicio es malo y la comida mediocre. Nada raro. Pero aquí está el asunto: es caro para lo que ofrece; digamos que los platos fuertes son 10 mil pesos más baratos que los de un restaurante realmente bueno. ¿Cuál es el problema entonces? Pues que vive repleto y tiene buena fama. Y eso me hace pensar que así somos los colombianos: aceptamos por bueno algo que no lo es. Alimentamos reputaciones inmerecidas, lo mediocre. ¿Por qué?

The Blues

In Off on 12/01/2019 at 09:16

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El antepasado

In Off on 11/01/2019 at 14:04

En Colombia todo el mundo tiene un bisabuelo o un tatarabuelo que fue riquísimo y lo perdió todo porque hizo un mal negocio o lo estafaron o se bebió toda la plata o la jugó toda. Por eso nosotros no somos ricos, pero en realidad seríamos los dueños de la mitad de las tierras del país. Curioso. Le he oído esa historia a tanta gente, que las opciones son dos: o Colombia es un país mucho más grande de lo que parece, o todo el mundo resulta ser primo entre sí y, sin saberlo, comparte ese mismo antepasado loco y derrochador. Por supuesto, tengo una hipótesis: se trataba de un potrero grande, una casa y unas vacas, y ese pequeño capital se malgastó en una generación. Esa fue la famosa “fortuna familiar” hoy perdida.

Idiot Wind

In Sin categoría on 09/01/2019 at 12:03

Historia de Colombia

In Off on 05/01/2019 at 16:45

Francisco José de Caldas (1768-1816) fue uno de los próceres de la Independencia de Colombia. Un aristócrata provinciano, ilustrado, genial, botanista y homosexual, Caldas fue condenado a muerte por los españoles. De camino al cadalso traza la letra Ɵ (Theta) en un muro; representa Thanatos: “muerte” en griego. Alguien ve la grafía Ɵ. Parece una “o” mayúscula partida por la mitad. ¿Qué querrá decir?, se pregunta. “¡Oh larga y negra partida! ¡Pero claro!” Así somos para todo: mediocres.

Regala un libro

In Off on 05/01/2019 at 08:11

Robert Louis Stevenson dice en uno de sus ensayos que a uno no le deberían pagar por escribir, sino que al contrario: uno debería pagar por el privilegio de hacerlo. Cuando entrevisté a Cees Nooteboom hace unos años, me dijo que a él no le interesaba tener compradores de sus libros, sino lectores. Traigo estos dos ejemplos a colación porque veo cómo las revistas culturales, las librerías y la gente en las redes sociales, le hace propaganda a los libros y a la lectura: “Lee un libro”, “Los beneficios de la lectura”, “Lo que leer le hace a tu cerebro”. Entiendo que son productos que hay que vender, que es un negocio, etcétera, pero, ¿no es autoevidente lo maravilloso que es leer? Y, ¿no resulta de alguna manera insultante con los escritores y lectores tratar de recordarles que sí vale la pena hacerlo? La gente a la que le gusta leer, adquiere los libros sin necesidad de que le recuerden sus beneficios; la gente a la que no le gusta leer, no lo va a hacer nunca, así le paguen por hacerlo.

El mejor vividero del mundo

In Off on 02/01/2019 at 17:57

El colombiano es un personaje incapaz de autorregularse, indisciplinado, autoindulgente y provinciano. Por eso cree que Colombia es un país con alguna importancia en el concierto mundial, distinta a la de ser el mayor productor de cocaína. A propósito, ¿nos hemos preguntado por qué en países con condiciones geográficas, sociales y políticas muy similares no se ha dado el fenómeno en la misma proporción? Precisamente por eso el colombiano dice que su país es “el mejor vividero del mundo”, pues porque puede hacer lo que le da la gana, lo cual, por supuesto, es placentero inmediatamente, como lo es la vida para esos niños a los que no les ponen límites. El problema es que eso resulta también en la mayor traba para construir un tejido social entre adultos.

50/55

In Off on 01/01/2019 at 10:28

En su ristra habitual de lugares comunes, nuestra pobre prensa conmemora cada año el aniversario de la publicación de Cien años de soledad. Y como lo hacen cada año, reproducen los testimonios y los recuentos de siempre (lo de Álvaro Mutis, lo de Paco Porrúa, lo de Mercedes Barcha, etcétera). Y está bien: para unos siempre es grato releerlos y para las nuevas generaciones conocerlos.

Al tiempo registran el aniversario del lanzamiento de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles. ¿En serio tengo que explicarlo? ¿No ven el paralelismo tan obvio? En vez de refritar lo de siempre, ¿cómo no se les ocurre compararlas? Pero, ¿cómo? La primera coincidencia es que estas dos obras de arte marcaron al tiempo el encuentro entre la cultura popular y la alta cultura. Por eso “se parecen”, para empezar. ¿Y cómo es que a ninguna editorial se la ha ocurrido hacer una pórtada de Cien años de soledad parecida a la de Sgt. Pepper’s? ¡Oh, Aureliano. Oh, colombianidad!