Sputnik, mi amor, la película

Es prácticamente imposible que llegue a conocer a Haruki Murakami algún día, y en realidad, no me interesa para nada, pero podría pasar que en los próximos años me invitaran a alguna feria del libro en la que él estuviera, o que, por alguna razón de trabajo, tuviera que visitar alguna universidad en la que él esté dando una clase en ese momento. Si eso sucediera, es improbable que podamos hablar a solas, pero podría pasar en un coctel, por ejemplo. De cualquier manera, si hablara con él sería muy raro que fuera algo más que un saludo, pero si llegara a serlo, no creo que pudiera exponerle esta idea que tengo desde hace mucho tiempo: una adaptación al cine de Sputnik, mi amor que empieza con una toma del ojo de buey de la nave espacial, en la que se ve a la perrita Laika adentro. Es mi imagen favorita de la novela. “Creo además que Bae Doona sería perfecta para interpretar a Myû”, agregaré con seguridad. “Muy interesante”, dirá él, pero solo por cortesía. “Bueno… Pero, ¿ha pensado en algo más?”, preguntará un tercer interlocutor, queriendo arreglar esa conversación incómoda que yo he propiciado. “No, no he pensado en nada más, en realidad. Eso es todo”, responderé.