Such Sweet Thunder
1957
Duke Ellington
The Star-Crossed Lovers
Such Sweet Thunder
1957
Duke Ellington
The Star-Crossed Lovers
Para el corazón de la princesa Harimoto, el desasosiego que le genera la indiferencia de cierto noble cercano al emperador en la corte de Kyoto en el siglo X, es exactamente el mismo que le genera a un preso del pabellón más peligroso de la cárcel La Picota de Bogotá la amenaza de muerte que le ha hecho otro recluso esta mañana. Las circunstancias de cada uno son apenas un detalle.
La única forma de venirse a pie es en bicicleta.
Resulta que mi amiga R tiene una cereza de cristal de Murano como elemento decorativo en el comedor de su casa. Es preciosa la cereza, pero cuando voy a visitarla, tengo que hacer un esfuerzo extraordinario para no tragarme la fruta de vidrio. Me tienta muchísimo, pero no porque se parezca a una cereza verdadera, claro, sino porque es la fantasía de una muerte genial. Sin embargo, como sé que eso que no me mataría, sería incapaz de contar que terminé en las Urgencias de un hospital porque me tragué una cereza de vidrio. Esa sería mi muerte verdadera, pero de vergüenza. Negrapiedras. Ojalá que R nunca me regale la cereza porque tendría que tirarla a la basura.
Creo que mi padre, que ya tiene ochenta y cinco años, a veces debe mirarme y pensar de mí con alivio: “Bueno, pasó de los cincuenta. Ya no se murió”.
Wuhan, Córdoba
Singapur, Tolima
Torrington, Nariño
* Copiado de Lydia Davis
De niño fue a un jardín infantil de mala muerte.