Overbred Dogs

“But if the West is a place of privilege, people suffer differently there too. Exempt from many of the relentless physical and social obligations necessary in a traditional life for survival, they become spoiled and fragile like overbred dogs; neurotic and prone to a host of emotional crises unknown elsewhere.”

Jason Elliot, An Unexpected Light – Travels in Afghanistan (London: Picador, 1999)

Una marca

Quien quiera dejar una marca puede, por ejemplo, posar el cigarrillo encendido en la juntura entre dos baldosas, en las pausas que hace entre una calada y otra, cuidando de hacerlo siempre en el mismo punto. La brasa irá dejando una quemadura que, con el tiempo, será imposible de quitar. Alguien la verá y dirá: “Siempre apoyaba el cigarrillo aquí”.    

Las tapas

A todos los niños les dan al comienzo del año escolar un bolígrafo azul y uno rojo, y cada uno cumple una función. Son objetos importantes en la vida de un colegial. Y siempre hay un niño que le pone la tapa roja al bolígrafo azul y la tapa azul al rojo. Apenas lo hace, se siente muy ingenioso y los deja así. A muchos les gusta esa pequeña rebeldía, ese cambio que ni siquiera rompe una regla. Solo un niño se copia. Al resto del curso le parece una tontería molesta (esos son los juiciosos y ordenados, su vida será buena). Las profesoras se irritan y quisieran decirle que no cambie las tapas, pero es una nimiedad que revelaría su propia neurosis. El niño deja de sentirse orgulloso con el tiempo porque eso se volvió su “marca”, pero  deja las tapas así, aunque a menudo se lo reprocha: “ni siquiera se ve chévere, me tiré todo”. Y además, a veces se equivoca de bolígrafo, daña la tarea y tiene que empezar de nuevo. Yo sigo siendo ese niño que cambia las tapas de los bolígrafos.