Francisco Barrios

In the Country of Lost People

In Off on 01/11/2018 at 07:54

     I lived in the US twenty years ago as a graduate student. Now I am back as a visiting teacher for one year. Many things have changed, and nothing has. But now we have the appalling frequent mass shootings in this country that I admire and love. And it strikes me how the media portray the shooters as deranged loners. That they are for sure, but they are also some of the many loners which just went astray in this union of states that just seems to big to hold together. I have felt a bit lonely since I arrived a couple of weeks ago, but I chat and converse with friends an family here and there, and also at home in Colombia every single day.

     On a Sunday morning through my window, I see an inconspicuous jogger and a lonely employee, and I realize I am not by far any lonelier than they are.

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La ciudad secreta

In Off on 29/10/2018 at 08:03

     El fin de semana pasado fui de visita a Nueva York porque estoy viviendo a un par de horas de allí y por supuesto que está imposiblemente cara, como ya lo estaba hace veinte años, cuando la dejé. Lo mismo pasó con Barcelona después, pero en ese caso mis amigos y yo vivimos en directo el tránsito de una ciudad estudiantil en pesetas del siglo XX a una ciudad turística en euros de nuestro hiperconsumista siglo XXI.

     A veces fantaseo con vivir en París –un año, digamos– pero sé que es imposible hacerlo como quisiera (no soy rico, claro, pero tampoco estoy para pasar penurias de estudiante a estas alturas de la vida). Y todos sabemos que las ciudades se encarecen, primero, por la industrialización, pero se vuelven invivibles y se gentrifican cuando se ponen de moda por cuenta de los artistas pobres a los que todos admiramos, que vivieron y crearon allí.

     París es cara por ser la sede de gobierno, pero lo es también por los impresionistas, por Balzac y por Picasso. Barcelona le debe su carestía a las Exposiciones Universales de 1888 y 1929, pero también a los escritores del Boom latinoamericano. Nueva York es Wall Street y es Trump Tower, pero también se encareció por culpa de Capote, Warhol y Basquiat, entre otros. Y ahora me pregunto, ¿cuál es la ciudad que está incubando y que en 25 años será imposiblemente cara por lo chic?

     A veces pienso que es Montreal y pienso en Xavier Dolan, en el Cirque du Soleil y en Arcade Fire, pero creo que su largo invierno la hace inviable para ponerse muy de moda. ¿Es Berlín entonces, como se viene anunciando hace más de 20 años y como lo intuyó Bowie hace 40?

La hospitalidad y la elegancia Roberto Burgos (1948-2018)

In Off on 17/10/2018 at 20:35

     Hoy hace dos meses que me vine de Colombia a trabajar como profesor de español en un colegio en los Estados Unidos. Aunque se trata de un período corto –un año académico, una temporada– antes de venir sentí el impulso de despedirme personalmente de la gente a la que quiero, como quien va a emprender una travesía. Entre los amigos que tenía en el corazón para despedirme estaba Roberto Burgos, a quien había leído antes, pero conocí hace apenas ocho años, cuando ARCADIA me encargó hacer un perfil de él. Esa vez fui a su casa y lo que empezó como una cita para una entrevista devino en una amistad cuya primera marca fue su hospitalidad. La segunda fue su elegancia.

     Unos días antes de viajar, le escribí apremiándolo para que nos viéramos. Me contestó un par de días después, diciéndome que ya organizaría una cena de amigos en su casa para despedirme. No llegamos a hacerlo porque además de su prolijidad como escritor, Roberto Burgos vivía ocupado con su trabajo de director de la Maestría del Departamento de Creación Literaria de la Universidad Central: al tiempo que pensaba en una nueva novela o revisaba la reedición de otra, Roberto Burgos se preocupaba por sus estudiantes, por los profesores a su cargo y por formar a nuevos lectores y escritores.

     Para cualquier otra persona no hubiera sido un problema separar un rato para tomarnos un café, o citarme en su oficina de la Central, pero para Roberto sí lo era porque para él cada momento tenía que ser dedicado y delicado. Las cenas en su casa eran tan animadas y divertidas como bien organizadas y atendidas. Como el mejor anfitrión, Roberto hablaba poco, escuchaba a sus invitados y se aseguraba de que todos la estuviéramos pasando bien y tuviéramos un trago en la mano.

    Creo que el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo, y si rememoro aquí mi amistad con Roberto Burgos no lo hago para alardear de ella. Lo hago para que quienes no han leído su obra lo hagan y, al hacerlo, sientan esa extraordinaria hospitalidad y esa elegancia y se hagan así también sus amigos.