Animalismo

¿De qué manera un tipo que anda en una moto a la que le alteró el exhosto (escape) solo para que haga más ruido –y de paso arroje trazas de asbesto al aire–, que suda y es feo, come carne, no lee, se tira pedos y no recicla nada, y que no respeta las normas de tránsito, es siquiera comparable, no a un magnífico tigre de Bengala o a un precioso colibrí, sino a una sola rata que, por instinto para evitar el crecimiento desmedido de sus dientes, pulveriza al año cientos de kilos de la basura que producimos los humanos?

Sobre el peso

Para el corazón de la princesa Harimoto, el desasosiego que le genera la indiferencia de cierto noble cercano al emperador en la corte de Kyoto en el siglo X, es exactamente el mismo que le genera a un preso del pabellón más peligroso de la cárcel La Picota de Bogotá la amenaza de muerte que le ha hecho otro recluso esta mañana. Las circunstancias de cada uno son apenas un detalle.

Urgencia

Me urge una esposa para que me saque los padrastros de las uñas porque no puedo hacerlo solo. El resto del tiempo, aunque la querré muchísimo, seré frío.

La cereza envenenada

Resulta que mi amiga R tiene una cereza de cristal de Murano como elemento decorativo en el comedor de su casa. Es preciosa la cereza, pero cuando voy a visitarla, tengo que hacer un esfuerzo extraordinario para no tragarme la fruta de vidrio. Me tienta muchísimo, pero no porque se parezca a una cereza verdadera, claro, sino porque es la fantasía de una muerte genial. Sin embargo, como sé que eso que no me mataría, sería incapaz de contar que terminé en las Urgencias de un hospital porque me tragué una cereza de vidrio. Esa sería mi muerte verdadera, pero de vergüenza. Negrapiedras. Ojalá que R nunca me regale la cereza porque tendría que tirarla a la basura.