Las criadas

Es un horror cómo en Colombia (y supongo que en muchos otros países) hay gente educada, liberal y con criterio, pero de alcurnia, que, cuando se abre un resquicio en la conversación aprovecha y se regodea al contar, aparentando una leve indignación, cómo en la casa de su abuela o de su bisabuelo había no se cuántas sirvientas y sirvientes que hacian no se cuántas labores domesticas absurdas e innecesarias. “Mi bisabuela tenía una sirvienta solo para ella cuando tenía seis años”, por ejemplo. Sabiendo cómo eran las condiciones de vida de esas criadas, ¿cómo se les ocurre hablar de eso de forma anecdótica? Es casi como ufanarse de haber tenido esclavos en la familia.

David Lynch (1946-∞)

Gracias David Lynch por sacarnos de la realidad y llevarnos a otros lugares, por crear imágenes de ensueño que habitan nuestra vigilia, por hacer arte y mostrarnos qué es -y cómo es- la creatividad.

Peinarse

Entré por primera vez al Rijksmuseum y desde el foyer vi la cafetería, que es abierta y está elevada. Es sencilla y funcional. Perfecta. Decidí que terminaría mi visita al museo almorzando allí unas horas más tarde. Llegada la hora me senté solo en un mesón de varias butacas. Estaba lleno. Diagonal a mí había un hombre mayor, de unos ochenta años, que parecía gringo. Ya había terminado de comer y ya había pagado la cuenta. Antes de ponerse de pie, sacó del bolsillo de su camisa una peinilla y, con mucha dignidad, se peinó los tres pelos que le quedan, como si fuera una cabellera. A mí me quedan diez, así que me vi en su gesto y me conmoví.

Manos de borracho

Las heridas de borracho suelen ser en las manos porque cuando uno está borracho rompe vasos, botellas y platos. También le pasan otras cosas. Por ejemplo, el otro día me rasgué la piel entre la base del dedo pulgar y la del índice con un descorchador de palanca.

Un toro en una cristalería

¿A quién se le ocurrió la imagen de un toro en una cristalería como metáfora de un desastre inminente? Es flojísima y burda. Yo me imagino al toro, magnífico, parado en el pasillo de la cristalería. Quieto, tranquilo, sin romper nada, solo resoplando a veces.