Que yo soy muy noble, me dicen. ¿Noble yo? ¡Ja! Noble el cilantro. Esa sí es una persona noble.
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Sobre la dieta alcalina
La facultad Medicina de la Universidad de Londres se fundó en 1123 y la de Montpellier en 1220. 900 y 800 años, respectivamente. Las principales de América en el siglo XVI. Entre tantas promociones de médicos de tantas escuelas, habrá habido muchos mediocres, y, sin duda, se habrán equivocado en algunas de sus conclusiones. Pero llevan casi mil años estudiando y practicando, creo que no lo han hecho tan mal, ¡como para que ahora venga a decirme el marido de un amiga que si me desayuno todos los días con un vaso de agua con bicarbonato y limón voy a prevenir el cáncer! ¡Que está en las redes! Y en las casi 40 generaciones de médicos de las mejores universidades del mundo nunca habían dado con el chiste, ¡hombre, por favor!
Pasta
Es un hombre de buen gusto. La pasta es su plato favorito. ¡Dios, si sabe cómo prepararla! Pone el agua a hervir, echa la pasta y, mientras ésta se cocina, calienta a fuego lento una salsa. Cuando la pasta ya está al dente, retira la olla del fogón, va sacando la pasta con un tenedor y, cuando ya solo queda el agua humeante en la olla, se la toma porque es también un hombre atormentado.
ficción
Servicio al cliente
Suelo comprar una comida congelada muy sabrosa, que se debe calentar al baño María. Los platos vienen tapados con un plástico transparente fino, que toca quitar después de calentarlos. El otro día, cuando aún se calentaba uno, el plástico se desprendió, el agua del baño entró en el plato de plástico y arruinó la comida. Airado, le escribí a la empresa. Era tal mi rabia, que sugerí que habían cambiado el pegante que estaban usando para el plástico, y por eso éste se había desprendido (ya que esto nunca antes me había pasado). El empleado que recibió el correo se lo reenvió al encargado de control de calidad, y él habló con el encargado de proveedores. El encargado de proveedores inició una investigación que lo llevó al dueño de la empresa de pegante, y se descubrió que éste les había ordenado a sus empleados rendir el pegante con agua. El malvado fue capturado y, en castigo, la Justicia determinó que debía cocinar para mí todos los días durante seis meses bajo la supervisión del encargado de control de calidad de la empresa de comida congelada. Me satisfizo la pena, aunque ahora temo que intente envenenarme echándole pegante a mi comida.
ficción
Una costumbre victoriana
Un buen día, en algún momento de la ocupación británica de la India, Lord * se irritó cuando metió la cucharita en el huevo tibio y comprobó cómo el frío del metal chocaba con el calor del trozo de huevo que había cuchareado. Al cabo de tres cucharadas, el cubierto ya estaba a la temperatura del alimento, pero las tres primeras, las que debían ser las más agradables, resultaban molestas. Lord * decidió experimentar con otros alimentos y comprobó que pasaba lo mismo, así que decidió ordenarle a su servidumbre –a los ayudantes de cocina, específicamente- que calentaran (o enfriaran, según el caso) los cubiertos, para que estuvieran a la misma temperatura del alimento para el que se usarían. Por ejemplo, las cucharitas de helado tenían que congelarse, pero, una vez las retiraban del hielo tenían que calentar un poco el mango de la cuchara frotándolo con una servilleta para que agarrarla no le resultara molesto a los comensales. Para fortuna de toda la servidumbre, en el momento en el que la costumbre ya se había afianzando en la casa de Lord * y amenazaba con propagarse por las demás -y después por toda Europa- estalló la independencia india, y el asunto se olvidó.
ficción
Una anomalía
El viernes pasado pedí un Uber y, mientras lo esperaba, reparé en el nombre del conductor: Martín. No miré su foto de perfil. Cuando llegó a recogerme, vi que era un hombre muy gordo. El problema es que “Martín” no es nombre de gordo.
Duda
¿Puede pensarse que “a veces conviene tener un poco de mal gusto”?