Me imagino la vida de uno de esos hombres que conducen los buses y vans de las rutas intermunicipales (flotas y colectivos, les decimos en Colombia), que van a toda velocidad por las autopistas sin respetar las normas de tránsito y siendo una amenaza para los demás automovilistas y para sus pasajeros. Con frecuencia hay accidentes de carretera terribles, causados por ellos. He montado en esos vehículos muchas veces. Y me imagino también que el estar sentados tantas horas les trae problemas de espalda y de peso, y que transpiran demasiado. Y me imagino que comen cualquier cosa y que en su forma de conducir hay gestos de supuesta hombría. No creo que lean, ni que en su vida familiar sean considerados, aunque seguramente que de alguno dirán que es un buen padre, o un buen marido. Y me pregunto cómo es eso una vida, qué propósito puede tener. Ninguno. Pero no me malinterpreten: creo que un delincuente, un niño rico, o un adicto sí tiene una vida que merece la pena.