Es un horror cómo en Colombia (y supongo que en muchos otros países) hay gente educada, liberal y con criterio, pero de alcurnia, que, cuando se abre un resquicio en la conversación aprovecha y se regodea al contar, aparentando una leve indignación, cómo en la casa de su abuela o de su bisabuelo había no se cuántas sirvientas y sirvientes que hacian no se cuántas labores domesticas absurdas e innecesarias. “Mi bisabuela tenía una sirvienta solo para ella cuando tenía seis años”, por ejemplo. Sabiendo cómo eran las condiciones de vida de esas criadas, ¿cómo se les ocurre hablar de eso de forma anecdótica? Es casi como ufanarse de haber tenido esclavos en la familia.