Hace muchos años rompí el botón de encendido del radio de mi carro por no ser cuidadoso. Lo saqué del carro, lo subí a mi apartamento como si fuera algo muy delicado o muy valioso –un animal herido o una joya– y lo puse en una de las repisas de la biblioteca para pegarlo después; sería una reparación delicada, como las que me gusta hacer. Cuando llegó el momento de hacerla, busqué el botón en donde lo había dejado y ya no estaba. Le pregunté a la empleada que venía a mi casa a hacer el aseo una vez por semana, y me juró que no lo había visto. No tuve más remedio que creerle. Me amargué por años de ver el radio sin ese botón. Después me fui del país, volví, cambié ese carro. La empleada, a la que quería, murió. Hace un par de días rompí el mismo botón del radio en mi carro nuevo. Lo guardé y, ahora que lo tengo frente a mí, sé que lo voy a pegar muy bien y que voy a quedar satisfecho. Dios da todas las facilidades.
Autor: Francisco Barrios
Un accidente doméstico
Emilita, una prima de mi madre, estaba una vez cortando fruta con un cuchillo sobre la licuadora prendida sin tapa. De repente, el cuchillo se le cayó dentro de la licuadora en movimiento y como esta tenía el vaso de vidrio, el cuchillo, girando a toda velocidad, rompió el vaso. Volaron vidrios gruesos por toda la cocina, pero ella alcanzó a protegerse (supongo que cubriéndose la cara con los brazos y agachándose por reflejo) y no le pasó nada, pero el susto fue tremendo.
Crucigrama
Ojalá algún día me contraten para que contribuya en la elaboración de un crucigrama. Mi aporte será: “9 letras: acción de quitarse la espuma de afeitar con una cuchilla. Respuesta: Afeitarse”. Me parece genial.
ficción
(Sin título)
Tan charras las naranjas cuando no dan jugo.
Cuestionario Barrios (para escritores)
¿Qué tan inteligente se cree? Sea honesto.
En momentos de entusiasmo, o bajo el efecto del alcohol o de alguna otra sustancia psicoactiva, ¿ha pensado que usted está a la altura de Cervantes, de Proust, de Borges o de García Márquez?
¿Algún otro?
¿En algún momento concibió una obra que marcaría un hito en la literatura, nunca la escribió, y hoy en día reconoce que la idea no era tan buena?
Usted opina con prodigalidad y vehemencia sobre otras disciplinas de las que suele ignorar los fundamentos; habla de medicina, de política, de música y de sociología, entre otras. ¿Cómo reacciona usted cuando alguien que no es escritor opina de literatura?
Usted trabaja con el lenguaje escrito, cuyo fundamento es la gramática, y si bien su ortografía y su sintaxis son correctas (es lo mínimo), ¿podría explicarme cinco reglas gramaticales y darme un ejemplo del uso de cada una? Le pregunto porque si damos por sentado que un pintor debe saber de colores y de texturas, y un músico de escalas y armonías, un escritor debe conocer las reglas de su medio de expresión, ¿no cree?
¿Comprende usted cómo funciona la economía, cuál es el valor del dinero y sabe manejarlo, o es más bien descuidado, y después culpa al “Sistema”?
Hábleme de sus deudas.
Hablemos ahora de los trabajos que se ha visto obligado a aceptar: de profesor, en una editorial, de tutor privado, en una agencia de publicidad o redactando documentos institucionales. ¿En algún momento despreció esos trabajos por creerse superior, cuando estos son el modo de vida de otros que se prepararon para hacerlo, lo hacen con convicción y competencia, y aportan a la sociedad?
Independientemente de su respuesta a la pregunta anterior, aunque le de vergüenza reconocerlo, ¿pensó en algún momento que no estaría del todo mal dedicarse a uno de esos trabajos de tiempo completo y abandonar la escritura?
¿Ha aprovechado usted alguna vez su posición de escritor, el aura que eso tiene, para intentar obtener favores sexuales, ventajas o privilegios inmerecidos, así fuesen mínimos?
Dinero telepático
Llegará el Día de la confianza en el que uno simplemente entrará a una tienda y cogerá lo que quiera. Habrá gente para ayudarle, informarle o asesorarle, pero no cajeros, ni vigilantes, ni cámaras de seguridad. Cada cuál verá según su necesidad y su deseo. Uno tomará lo suyo y saldrá con su conciencia como única guía.
ficción
Escribir
Esa ira fugaz que da el ver la pe en vez de la tilde por la torpeza del dedo. Aspi.