Las tapas

Al comienzo del año escolar todos los niños tienen un bolígrafo azul y uno rojo, y cada uno cumple una función. Son objetos importantes en la vida de un colegial. Y siempre hay un niño que le pone la tapa roja al bolígrafo azul y la tapa azul al rojo. Apenas lo hace, se siente muy ingenioso y así los deja. A unos pocos les gusta esa pequeña rebeldía, ese cambio del parámetro -ni siquiera es una regla. Solo un niño lo imita, otros lo admiran un poco, pero no se van a copiar, y al resto del curso le parece una tontería molesta (estos son los juiciosos y ordenados; su vida será buena). Las profesoras se irritan y quisieran decirle al niño que no cambie las tapas, pero es una nimiedad que revelaría su propia neurosis. El niño que cambia las tapas deja de sentirse orgulloso con el tiempo porque se volvió su “marca”, pero las deja así, aunque a veces se lo reprocha: ni siquiera se ve chévere, me tiré todo, se dice. Y además, a veces se equivoca de bolígrafo, daña la tarea y tiene que tacharla. Yo sigo siendo ese niño que cambia las tapas de los bolígrafos.

El fin del mundo

A veces dudo de cuál es el número telefónico de mi trabajo, y no me sé el número del celular de nadie. No importa: los puedo mirar en el celular. Y si voy solo en el carro y me incomoda el silencio, pues pongo música; radio no, Spotify: mis listas con mi música que ya conozco. Y si extraño a alguien, antes de que me duela su ausencia le pongo un mensaje por WhatsApp o Messenger, y si quiero saber cómo es Katmandú o Capadocia, pues lo miro en Google Maps. Y es como si la memorización, la nostalgia y la curiosidad se estuvieran acabando. No me preocupa ni me alegra. Me intriga. ¿Cómo será la vida sentimental de los que están naciendo hoy?

David y yo

Mi rockero favorito es David Bowie. Es también una de mis personas favoritas. Era un músico genial y además, casi siempre que daba entrevistas o hacía declaraciones, era acertado. Cuando le hicieron el Cuestionario Proust, a la pregunta “¿Cuál es su idea de la felicidad?” contestó: Leer. En otra entrevista confesó que no se tomaba un trago: “¿Por qué?”. “Porque soy alcohólico”. Cuando le preguntaron que qué otra cosa hubiera querido ser sino hubiera sido músico, contestó sin pensarlo mucho: “Profesor”. La única cosa que yo hubiera querido ser sino fuera profesor, es rockero. En un sueño que no he tenido, le doy clase de español a David Bowie.

La remesa

Un día vi en un cómic gringo un aviso de una colección de soldados de plástico. Yo tendría 7 u 8 años. Escribí a la dirección que había en el aviso y, varias semanas después, me contestaron con una carta manuscrita: no, lo sentían mucho, no enviaban los soldados por correo internacional (eran los 70) pero, ¡me había llegado una carta! ¡A mí! Fue tan importante, que aún lo recuerdo. Cuando estuve en el ejército en los 80, en la Península del Sinaí, era una alegría recibir correo, que por lo general era inesperado. ¿Qué será, de quién? Ahora espero la remesa de algo que yo mismo pedí por Amazon y cuando me avisan que tengo un paquete, no me pregunto qué será ni de quién. Sé que se trata de algo que yo mismo pedí y, como puedo hacer varios pedidos al mes, la única inquietud es “¿cuál será?” Es la autosatisfacción reemplazando a la sorpresa.

#SinFiltro

Soy usuario de Instagram y, como tanta gente, la uso sobre todo para subir fotos mías y para ver fotos de otros. Sé que está poblada de memes ingeniosos y también de matoneo virtual, pero para mí sigue siendo una red amable. Sin embargo, en muchas de las páginas que sigo veo fotos de Cuba, sobre todo de la Habana. Y todos suben fotos de los carros viejos, de los edificios antiguos y de escenas con un toque romántico. Estuve en Cuba hace cuatro años durante un mes y vi cómo la gente la pasa mal, pasa hambre. No hay nada ideal en La Habana y sus ruinas gloriosas. Gloriosa y necesaria fue también la Revolución, por supuesto, pero ya no; sus logros en medicina y educación siguen siendo ejemplares, pero no hay comida. Y en cuanto a los carros de los años 50, no le veo nada de cool a desgañitarse haciendo las partes porque a uno le han sido negados los beneficios de la tecnología de los últimos 60 años.