Toda la vida se me han perdido cosas. Desde niño. A veces, cuando evoco mi infancia, recuerdo con una mezcla de ternura y vergüenza tantas veces en las que tenía en mis manos algún objeto bello y mi madre me decía: “No lo vayas a botar”. ¡Como si fuera mi culpa! No me interesa ahora la explicación psicoanalítica de las pérdidas, que es cierta (que son actos fallidos, que es despreciar lo que se quiere, que es buscar el regaño, etcétera). Me interesan el accidente y la suerte de esos objetos. ¿Cómo así que “se pierden”? ¿Es que se van a un lugar que está en otra dimensión? ¿Qué pasa en el instante en el que uno los pierde de vista y los pierde en la realidad? ¿Es que acaso se desmaterializan? ¿Cambian sus propiedades materiales por unos segundos?