El bómper

Un día estaba dando reversa en el garaje de un edificio en Bogotá. Sabía que el espacio era muy estrecho y que posiblemente le pegaría a otro carro, así que lo hacía con cautela, pero a pesar de eso, toqué otro carro con el bumper del mío. Ni pensé en bajarme. Di marcha adelante, pero al ver que dos pasajeros de un tercer carro se bajaron para ver el daño, me bajé. Frotaron el bumper del otro carro como para ver si debajo del polvo había algún daño irreparable. Por supuesto que no. ¡El bumper es para eso! Y lo escribo en inglés para recordar el origen del término: del verbo to bump: “chocar con”, “topar”. Y esa es otra de esas reacciones automáticas en Colombia: si uno toca a otro carro, hay que “bajarse a ver”. Pero el bumper se inventó para reducir el impacto de los golpes y, en el caso de un leve toque, para que no afecte a los carros. Y su traducción correcta es guardabarros o guardafangos, pero aquí adoptamos el término así no más, sin saber su significado, y por lo tanto, su uso.