Estoy viviendo en un apartamento que tiene un calentador de agua de los viejos, mecánico. Para poder bañarme con agua caliente, tengo que prenderlo una hora antes de meterme a la ducha. Eso quiere decir que debo despertarme más temprano. Me da rabia, así que pienso en prenderlo la noche antes, pero me reprocho ese pensamiento porque sería un malgasto de energía: ¡el calentador prendido toda la noche! Me felicito por mi esfuerzo de levantarme antes de tiempo para encenderlo. Tengo conciencia. Hoy descubrí, después de muchas semanas de vivir aquí, que cuando salgo de la ducha me olvido de apagarlo. Sin darme cuenta, lo he dejado prendido todo el día, varios días.
Autor: Francisco Barrios
Vecinos
Creo que este diálogo da para un cuento, pero mientras miro a ver si puedo escribirlo o no, lo recuento. Estaba en la cocina de un apartamento y oí por la ventana que una mujer le decía con voz amorosa a su marido: “Mi amor, ¿te tomaste el tintico que te dejé o lo botaste?” (Silencio). ¿No es increíble? ¿Y no es una de esas escenas tan comunes en las parejas? Ella, considerada, le deja un resto de café a su esposo, pero como lo conoce, contempla el que él lo bote a sus espaldas, lo que sería una pequeña violencia. Le pregunta. Él se queda callado.
Una marca
Quien quiera dejar una marca puede, por ejemplo, posar el cigarrillo encendido en la juntura entre dos baldosas, en las pausas que hace entre una calada y otra, cuidando de hacerlo siempre en el mismo punto. La brasa irá dejando una quemadura que, con el tiempo, será imposible de quitar. Alguien la verá y dirá: “Siempre apoyaba el cigarrillo aquí”.
Educación virtual
Tengo un salón de clases en Zoom. En las noches me meto a ver si alguien anda por ahí. Me quedo unos minutos esperando algún ruido de la realidad.
Otra vida
Dos frases se me vinieron a la mente de la nada y en momentos diferentes: «Tengo que ser más generoso con las salsas» y «Yo me merezco un lago».
Injusticia
No es justo que además de pensar, tenga que lavar la loza, doblar la ropa, hablar por teléfono, ver películas y tener amigos.
Cuarentena 2
Tengo un buen trabajo que me mantiene ocupado y me entusiasma. Vivo en el campo en una casa preciosa con un gran jardín, vecinos amables y perros. Puedo ir a la ciudad cuando quiero y encontrarme con mis amigos y mi familia, pero lo único que me ilusiona ahora es pensar, en las tardes, que en pocas horas me iré a la cama. Y cuando me acuesto, me alegra pensar en el desayuno. Esa es la felicidad que me ha mostrado la pandemia.