Mi rockero favorito es David Bowie. Es también una de mis personas favoritas. Era un músico genial y además, siempre que daba entrevistas o hacía declaraciones, era inteligente y acertado. Cuando VF le hizo el Cuestionario Proust, a la pregunta «¿Cuál es su idea de la felicidad?», contestó: «Leer». En otra entrevista confesó que no se tomaba un trago: “¿Por qué?”. “Porque soy alcohólico”. Y cuando le preguntaron que qué otra cosa hubiera querido ser sino hubiera sido músico, contestó sin pensarlo: “Profesor”. La única cosa que yo hubiera querido ser sino fuera profesor, es rockero. En un sueño que no he tenido, le doy clase de español a David Bowie.
Autor: Francisco Barrios
Anticapitalista de corazón
No tengo ningún talento para los negocios, pero con qué entusiasmo les recomiendo a mis amigos marcas, almacenes, restaurantes, hoteles, ¡de todo! Dichoso. Como un loco. Si los dueños de los negocios me oyeran, me darían una gran comisión, o llorarían de la emoción y me lo agradecerían de rodillas. Sería el mejor influencer. Pero la verdad es que, si me pagaran por hacerlo, lo haría pésimamente, los haría quedar mal y se molestarían conmigo porque les estoy arruinando su negocio.
La muerte en Villa de Leyva
Me fui solo por un par de días a un pueblo colonial a descansar de mi trabajo de profesor y a tratar de escribir. No me hospedé en un gran hotel, pero sí en uno muy bueno; un hotelito discreto, pequeño, muy chic (como para un profesor y escritor que, por su edad y trayectoria, gana más o menos bien). Llevé mi computador portátil y libros. En las mañanas escribía y leía en la terraza del hotel, en las tardes salía a caminar y en las noches cenaba solo en un buen restaurante. En las calles aledañas ya me conocían. Los otros huéspedes del hotel me saludaban con respeto: “Debe ser un profesor, o un escritor”, pensarían, “se nota». Me sentía muy satisfecho de mí mismo hasta que caí en la cuenta de que era eso, sí, pero, sobre todo: ¡era un cliché! Y me aterró pensar que alguno de los turistas hubiera leído Lolita o La muerte en Venecia, y quizás se preguntara si yo no sería una especie de Humbert Humbert o de Aschenbach. No, no. No volveré a irme de vacaciones solo a esta edad. Jamás.
La cédula
En mi país, cuando uno paga en cualquier comercio con la tarjeta de crédito le piden que muestre también el documento nacional de identidad o cédula para confirmar que uno es el titular de la tarjeta. Esa es otra de nuestras tristezas cómicas de todos los días porque pienso: ahora que andamos con tapabocas –y yo muchas veces también con una gorra, y además me rapé–, ¿cómo confirman que soy, en efecto, el que aparece en la foto de la cédula, que es de hace casi diez años? Pude haberme robado el documento y la tarjeta de otro, lo que es muy probable en Colombia. Y si fue así y resulta que soy un delincuente, ¿qué viene tan pronto se den cuenta de que no coincido con el de la foto? ¿Me van a pedir que por favor espere un momento mientras que llaman a la policía?
Aguantar la respiración
Vivo solo y durante diez meses del año estoy por fuera de mi apartamento todos los días desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde. Cuando salgo a vacaciones, vuelvo a habitarlo y pienso en lo que pasa en mi ausencia. Nunca lo podré saber, pero yo sé que pasan cosas porque hay un silencio contenido de los muebles. Siento cómo aguantan la respiración mientras estoy aquí.
ficción
Los reyes
Cuando era niño quería ser un rey como los de las películas porque comían perniles y frutas con la mano y tomaban vino en copas metálicas. Se vestían con pieles y en la cabeza llevaban una corona con piedras grandes de colores, como nunca las hubo en la realidad. Tenían barba, y después de comer se limpiaban la boca con la manga y se reían a carcajadas. Ahora que reino sobre mi vida, entiendo que eran unos viejos patéticos de mentiras y de verdad.
Familia unipersonal
Me dicen que “familia unipersonal” es una categoría sociológica válida desde hace mucho tiempo. Pues bien, en mi familia unipersonal, el niño desordena la casa, el padre se molesta y se regaña, y la madre termina ordenando su desorden. Otros días soy la madre que lo ensucia todo, el niño que la excusa y el padre que limpia. Como familia, me importa que haya paridad en los deberes de la casa (como perro, ya aprendí a ir al baño solo).