Soy usuario de Instagram y, como tanta gente, la uso sobre todo para subir fotos mías y para ver fotos de otros. Sé que está poblada de memes ingeniosos y también de matoneo virtual, pero para mí sigue siendo una red amable. Sin embargo, en muchas de las páginas que sigo veo fotos de Cuba, sobre todo de la Habana. Y todos suben fotos de los carros viejos, de los edificios antiguos y de escenas con un toque romántico. Estuve en Cuba hace cuatro años durante un mes y vi cómo la gente la pasa mal, pasa hambre. No hay nada ideal en La Habana y sus ruinas gloriosas. Gloriosa y necesaria fue también la Revolución, por supuesto, pero ya no; sus logros en medicina y educación siguen siendo ejemplares, pero no hay comida. Y en cuanto a los carros de los años 50, no le veo nada de cool a desgañitarse haciendo las partes porque a uno le han sido negados los beneficios de la tecnología de los últimos 60 años.
Humanos Anónimos
Debería haber algo como Alcohólicos Anónimos pero dedicado a la condición humana en general. Algo así como: “Hola, soy Pacho, soy humano y llevo un día (o dos, o veintitrés o veinte mil) tratando de ser mejor persona”. Más responsable, más considerado, más ordenado. Lo que sea. Y que se llamara Humanos Anónimos. “Soy impotente ante los embates del día a día. Creo que un ser superior puede mostrarme el sentido común. Aprenderé a hacerle caso a mi intuición, pero también a la razón y a la evidencia” y todos esos pasos que no conozco y que no me importan y que me parece que deberían adaptarse a ese gran vicio de ser demasiado uno mismo (del que, por supuesto, se derivan todos los otros vicios).
Síntesis
Estaba de paso por Bogotá y una noche fui a visitar a una amiga. Cuando salí y mientras esperábamos a que llegara el taxi, el portero del edificio le habló: “¿Cómo le parece, doctora? ¡Cómo será en los parques ahora! ¡Imagínese!” Se refería a que la Corte Constitucional había anulado una interpretación del Código de Policía que sancionaba el consumo de alcohol y de sustancias psicoactivas en los parques públicos. Ahora se puede consumir… ¡Como toda la vida!, con o sin código de Policía, porque con la excepción de los adictos severos, que por lo general son habitantes de la calle con problemas psiquiátricos, los “burros” y los borrachos no están en los parques a la misma hora que las familias; mientras que unos están en los parques, los otros duermen. Ante el silencio de mi amiga y mío, el portero hizo una pausa y agregó: “Y se nos fue Jota Mario…” Se refería a la muerte de un presentador de televisión de los 80 más bien soso, olvidable. Un empleado de una empresa de vigilancia privada, esa forma de paramilitarismo, el consumo de sustancias psicoactivas en el país que ha hecho evidente la ineficacia de la prohibición, y un presentador de televisión, ese medio cuyos contenidos locales solo sirven para embrutecer a la gente. Todo en una sola conversación.
La virtud
Voy manejando por una carretera de noche y pongo las luces altas para ver mejor. Lo hago pensando siempre en que cuando venga otro carro por el carril contrario, las voy a bajar por consideración para no encandilar al otro conductor. Así lo hago y me siento moralmente superior. Yo sí sé qué es lo correcto. Si el otro conductor también trae las luces altas y las baja al verme, es un buen ser humano y me cae bien; si no lo hace, es una mala persona y alguien debería de darle una lección.
Geografía sonora
No sé por qué siempre pienso: “Wuhan, Córdoba”.
La neurosis
Pongo el fogón al máximo, echo agua en la tetera y la pongo a calentar. Es agua para café, así que no necesito que hierva. Cuando calculo que ya está caliente, la retiro del fogón, lo apago y sirvo el agua, pero siempre dejo un remanente y vuelvo a poner la tetera sobre el fogón que empieza a enfriarse. Me gusta jugar a anticipar si la tetera pitará o si el fogón se enfriará antes de que eso pase.
La adolescencia
Gracias a mi tío Gabriel, muy niño conocí a los Beatles. Entrando en la adolescencia, por mi hermano escuché a Pink Floyd y a Rush, y por mis amigos del colegio a Led Zeppelin, Talking Heads, Los Rolling Stones y AC/DC. Más adelante, a los dieciocho, por la televisión y la radio a Bowie, The Clash, The Cure, Violent Femmes, Pixies y Peter Gabriel, entre muchos otros. Pero yo me empecinaba en oír obsesivamente a Compañía Ilimitada, un dueto colombiano de Pop que tocaba en bazares de colegio y eran pésimos. Pero para mí eran lo mejor, lo último, lo único.