La neurosis

Pongo el fogón al máximo, echo agua en la tetera y la pongo a calentar. Es agua para café, así que no necesito que hierva. Cuando calculo que ya está caliente, la retiro del fogón, lo apago y sirvo el agua, pero siempre dejo un remanente y vuelvo a poner la tetera sobre el fogón que empieza a enfriarse. Me gusta jugar a anticipar si la tetera pitará o si el fogón se enfriará antes de que eso pase.

La adolescencia

Gracias a mi tío Gabriel, muy niño conocí a los Beatles. Entrando en la adolescencia, por mi hermano escuché a Pink Floyd y a Rush, y por mis amigos del colegio a Led Zeppelin, Talking Heads, Los Rolling Stones y AC/DC. Más adelante, a los dieciocho, por la televisión y la radio a Bowie, The Clash, The Cure, Violent Femmes, Pixies y Peter Gabriel, entre muchos otros. Pero yo me empecinaba en oír obsesivamente a Compañía Ilimitada, un dueto colombiano de Pop que tocaba en bazares de colegio y eran pésimos. Pero para mí eran lo mejor, lo último, lo único.

La empatía

De lo que más me gusta es fumar y los de las aeronáuticas son los únicos que parecen comprender lo que significa la adicción a la nicotina. En los aviones hay un cuadernillo en el que advierten que está prohibido fumar en el vuelo y  las azafatas lo dicen en sus anuncios del despegue. Como si eso no bastara, aclaran que la prohibición incluye también a los cigarrillos electrónicos y en los baños advierten que no se puede tratar de alterar el detector de humo: hacerlo es un delito punible que trae también una multa cuantiosa. No, no se puede fumar cigarrillo, tampoco cigarrillos electrónicos, en el baño tampoco y si pretende hacerlo y para ello alteraría el detector, eso también está prohibido. Esa claridad del mensaje y esa reiteración hacen que me conforme aunque sea un vuelo de muchas horas. Más que intimidarme las sanciones, es la comprensión de sus redactores lo que me disuade. Me parece una forma de la empatía.

Carácter y destino

Mi mayor miedo es que la vida, a través de alguien, de una situación o de la simple introspección, me revele que en algún momento tomé la decisión equivocada que me extravió de mi destino. Por ejemplo, que debí de haberme quedado en una ciudad de la que me resistía a irme; que debí de haber besado a una mujer que me miró como esperando a que lo hiciera; que ese trabajo que rechacé con pretextos me habría llevado por una senda mejor. Mi destino habría sido otro si hubiera hecho esa única cosa que no hice. Si no hubiera tenido una falta de carácter.

Un señor

Se terminaba el primer semestre en mi nuevo trabajo en Estados Unidos y había una reunión de todos los profesores en la que los directivos hacían un recuento de lo importante. Al final abrieron el foro. Habló una persona, luego otra; hicieron reconocimientos y dieron las gracias. Empezó a hablar una tercera persona y entonces sentí que tenía que dar las gracias por ese semestre. Soy el mayor de mi cohorte, nadie me pidió que lo hiciera, no lo hice por quedar bien y sabía que hacerlo no me iba a hacer sentir bien ni mal. Simplemente, tenía que hacerlo. Sabía que para mis colegas jóvenes era un alivio sentir que ninguno de ellos tenía que hacerlo porque para eso estaba yo, el mayor. Me puse de pie y di las gracias en inglés delante de más de cien personas a las que apenas conocía. Soy un señor, pensé.

La civilización

Por la Avenida Diagonal de Barcelona, a la altura del Paseo San Juan, hay una glorieta mal señalizada en la que convergen los carros a alta velocidad. Un conductor decidió cambiar de carril antes de llegar a la glorieta y, al hacerlo, cerró al carro de atrás que por poco lo choca. Los dos autos frenaron y del carro de atrás se bajó la mujer que iba de copiloto. Se acercó a la ventana del conductor imprudente, ese que casi los hace matar, y con las manos siempre cruzadas en su espalda a la altura de la cintura, lo insultó a gritos de la peor manera. Pero nunca se acercó demasiado al vidrio, nunca hizo el menor gesto de agredirlo físicamente, ni siquiera de golpear el carro. Vi esa escena hace más de quince años. Pasaron tres mil para llegar a eso: la civilización.