Francisca Milanesa

Estoy hablando con la poeta que escribió un libro espléndido de una gata. Sobre su cabeza reposa como un sombrero una gata de pelo carey, pero ella me habla como si no le pesara el animal, como si no lo sintiera. Le digo, un poco preocupado, que tiene una gata en la cabeza. Ella me responde, indiferente: “Ah, sí. Es Francisca Milanesa”, y sigue hablando como si nada.

sueño

Plegaria

Le pido a Dios disciplina para poder sentarme a escribir sin perder la concentración, y disciplina para distraerme cuando eso sea lo que necesite. Disciplina para querer y disciplina para desear. Disciplina en mis deberes y en mis vicios. Le pido disciplina para seguir mi camino y disciplina cuando me extravíe.

Instantáneas

Warren Buffet

Sufro de insomnio y para dormirme pongo documentales del mundo financiero en youtube. En algún momento llegué a los de Warren Buffet, quien es para muchos el inversionista más avezado de las últimas décadas. Pues bien, es un bobo. Solo véanlo.

Mark Hamill

¿Cómo se sentirá ser Mark Hamill? Adorado por millones por ser Luke Skywalker, pero no haber sido contratado nunca para papeles distintos de Luke Skywalker.

Audrey Hepburn

La belleza de Audrey Hepburn, quien venía de una familia noble, me produce inquietud, y creo que se debe a que sufrió de anemia por desnutrición durante la hambruna holandesa de 1944, cuando los nazis bloquearon las rutas de aprovisionamiento. Ese es el secreto terrible de su belleza: que era una princesa con hambre.

Alex Honnold

Alex Honnold es el mejor escalador libre del mundo. Si lo miran bien, se darán cuenta de que tiene cara de chimpancé.

Delirio

Miro fotos de Dua Lipa y pienso: “Claro. Esta es la típica que se enamoraría de mí”.

Equilibrismo

Quiero tanto a Borges como a Henry Miller.

Aislamiento

Creo que una parte de nosotros quiere volver al aislamiento por la pandemia, a ese poder quedarse en la casa sin culpa porque hay una razón de salud pública, de enfermedad, que además nos hermana. Estamos siendo responsables y solidarios; no debemos salir a las calles -tan asquerosas las de Bogotá-, ni ver a los otros -tan insoportables algunos- y no relacionarnos en persona, que a veces es tan arduo. Podemos abandonarnos a esa felicidad de la depresión, que es tan particular porque es la de la compañía del pensamiento y la de otra percepción de la realidad. Pero ahora resulta que, gracias a las vacunas, parece que cada nueva cepa del COVID es más débil que la anterior; que es, al parecer, otra decepción. Una vez más, los avances de la ciencia médica saboteando al espíritu.*

* Por supuesto que ya me vacuné y creo que todos tenemos que hacerlo, y ¡que vivan las vacunas!

Un derecho

En el edificio donde vivo ahora están arreglando la fachada y los pasillos, que son abiertos a los edificios de los costados y, por eso, al ruido de la calle. Durante el día, un obrero trabaja colgado de un arnés en la boca del corredor que está a un metro de la puerta de mi apartamento. El otro día puso música en el altavoz de su celular mientras que yo estaba tratando de escribir, y me distrajo (sobre todo porque era música norteña compuesta en Colombia –tan basta y tan destemplada). Yo, por mi parte, trabajo oyendo música barroca o Ambient a un volumen moderado. Pensé en si debía pedirle que le bajara al volumen o no. ¡Pues claro que sí!, me dije. Al igual que él, pensé, yo también pongo música para trabajar, ¡pero no se la impongo a los demás! Así que salí y le pedí que lo hiciera. El hombre fue amable y la apagó. Entré a mi casa sintiéndome muy bien, pero un rato después pensé: claro, si uno hace trabajo de escritorio, oye música instrumental a bajo volumen, pero si uno trabaja en exteriores colgado de un arnés y con un casco puesto, no es como que pueda usar audífonos ni “ponerla más pasito, señor, por favor”, ¿no?

Una idea

El propósito de nuestra existencia es reproducirnos para ser vehículos de la vida, que solo quiere perpetuarse (eso está en Schopenhauer, claro). Nuestro destino es ser nuestros padres (como lo vio Freud), pero el libre albedrío está en poder escoger como cuál de los dos queremos ser. La virtud es ser una mejor versión del padre al que escogimos parecernos más, el vicio es ser una peor versión, y la infelicidad es tratar de luchar contra todo esto. Y además, tenemos que armarnos una vida propia.

Una libertad

Una vieja amiga me ha «gosteado» (de ghosting, en inglés). Es decir, se ha desaparecido como un fantasma. Por «desaparecido» quiero decir que no me ha vuelto a llamar ni a escribir, y no me ha respondido a algunos chats de Whatsapp y a un par de llamadas en los últimos dos o tres meses. Al principio me pregunté qué habría pasado, qué le habría pasado conmigo (porque en las redes sociales la veo activa), pero después pensé: pues es que no quiere hablar ahora. Ya está. Sin motivo. Simplemente, no se le da la gana. Y entonces recordé lo que era la vida cuando solo existían los teléfonos fijos, cuando no había ni celulares ni internet; podía pasar que uno dejara de hablar con alguien por semanas, a veces por meses, pero sin que hubiera habido ningún conflicto. No creo que eso fuera mejor ni peor, pero sí sé que era una libertad. La libertad de «fantasmear».