Una idea

El propósito de nuestra existencia es reproducirnos para ser vehículos de la vida, que solo quiere perpetuarse (eso está en Schopenhauer, claro). Nuestro destino es ser nuestros padres (como lo vio Freud), pero el libre albedrío está en poder escoger como cuál de los dos queremos ser. La virtud es ser una mejor versión del padre al que escogimos parecernos más, el vicio es ser una peor versión, y la infelicidad es tratar de luchar contra todo esto. Y además, tenemos que armarnos una vida propia.

Una libertad

Una vieja amiga me ha «gosteado» (de ghosting, en inglés). Es decir, se ha desaparecido como un fantasma. Por «desaparecido» quiero decir que no me ha vuelto a llamar ni a escribir, y no me ha respondido a algunos chats de Whatsapp y a un par de llamadas en los últimos dos o tres meses. Al principio me pregunté qué habría pasado, qué le habría pasado conmigo (porque en las redes sociales la veo activa), pero después pensé: pues es que no quiere hablar ahora. Ya está. Sin motivo. Simplemente, no se le da la gana. Y entonces recordé lo que era la vida cuando solo existían los teléfonos fijos, cuando no había ni celulares ni internet; podía pasar que uno dejara de hablar con alguien por semanas, a veces por meses, pero sin que hubiera habido ningún conflicto. No creo que eso fuera mejor ni peor, pero sí sé que era una libertad. La libertad de «fantasmear».

David y yo

Mi rockero favorito es David Bowie. Es también una de mis personas favoritas. Era un músico genial y además, siempre que daba entrevistas o hacía declaraciones, era inteligente y acertado. Cuando VF le hizo el Cuestionario Proust, a la pregunta «¿Cuál es su idea de la felicidad?», contestó: «Leer». En otra entrevista confesó que no se tomaba un trago: “¿Por qué?”. “Porque soy alcohólico”. Y cuando le preguntaron que qué otra cosa hubiera querido ser sino hubiera sido músico, contestó sin pensarlo: “Profesor”. La única cosa que yo hubiera querido ser sino fuera profesor, es rockero. En un sueño que no he tenido, le doy clase de español a David Bowie.

Anticapitalista de corazón

No tengo ningún talento para los negocios, pero con qué entusiasmo les recomiendo a mis amigos marcas, almacenes, restaurantes, hoteles, ¡de todo! Dichoso. Como un loco. Si los dueños de los negocios me oyeran, me darían una gran comisión, o llorarían de la emoción y me lo agradecerían de rodillas. Sería el mejor influencer. Pero la verdad es que, si me pagaran por hacerlo, lo haría pésimamente, los haría quedar mal y se molestarían conmigo porque les estoy arruinando su negocio.

La muerte en Villa de Leyva

Me fui solo por un par de días a un pueblo colonial a descansar de mi trabajo de profesor y a tratar de escribir. No me hospedé en un gran hotel, pero sí en uno muy bueno; un hotelito discreto, pequeño, muy chic (como para un profesor y escritor que, por su edad y trayectoria, gana más o menos bien). Llevé mi computador portátil y libros. En las mañanas escribía y leía en la terraza del hotel, en las tardes salía a caminar y en las noches cenaba solo en un buen restaurante. En las calles aledañas ya me conocían. Los otros huéspedes del hotel me saludaban con respeto: “Debe ser un profesor, o un escritor”, pensarían, “se nota». Me sentía muy satisfecho de mí mismo hasta que caí en la cuenta de que era eso, sí, pero, sobre todo: ¡era un cliché! Y me aterró pensar que alguno de los turistas hubiera leído Lolita o La muerte en Venecia, y quizás se preguntara si yo no sería una especie de Humbert Humbert o de Aschenbach. No, no. No volveré a irme de vacaciones solo a esta edad. Jamás.

La cédula

En mi país, cuando uno paga en cualquier comercio con la tarjeta de crédito le piden que muestre también el documento nacional de identidad o cédula para confirmar que uno es el titular de la tarjeta. Esa es otra de nuestras tristezas cómicas de todos los días porque pienso: ahora que andamos con tapabocas –y yo muchas veces también con una gorra, y además me rapé–, ¿cómo confirman que soy, en efecto, el que aparece en la foto de la cédula, que es de hace casi diez años? Pude haberme robado el documento y la tarjeta de otro, lo que es muy probable en Colombia. Y si fue así y resulta que soy un delincuente, ¿qué viene tan pronto se den cuenta de que no coincido con el de la foto? ¿Me van a pedir que por favor espere un momento mientras que llaman a la policía?

Aguantar la respiración

Vivo solo y durante diez meses del año estoy por fuera de mi apartamento todos los días desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde. Cuando salgo a vacaciones, vuelvo a habitarlo y pienso en lo que pasa en mi ausencia. Nunca lo podré saber, pero yo sé que pasan cosas porque hay un silencio contenido de los muebles. Siento cómo aguantan la respiración mientras estoy aquí.

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