Abro las ventanas y la puerta de la terraza porque es verano y quiero que entre el calor, pero con el calor entran las moscas. Cuando anochece, cierro la puerta y las ventanas, y las moscas se quedan adentro. Ahora debo empezar a cazarlas porque sino lo hago, no me dejarán dormir. Les pongo trampas con las luces y las aplasto con una revista. Son solo moscas, pero todo es muy injusto. Yo les abrí la puerta de mi casa para matarlas después. Les tendí una trampa mortal.
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El fin del mundo
A veces dudo de cuál es el número telefónico de mi trabajo, y no me sé el número del celular de nadie. No importa: los puedo mirar en el celular. Y si voy solo en el carro y me incomoda el silencio, pues pongo música; radio no. Spotify. Mis listas con mi música, que ya conozco. Y si extraño a alguien, antes de que me duela su ausencia le pongo un mensaje por WhatsApp o Messenger, y si quiero saber cómo es Katmandú o Capadocia, pues lo miro en Google Maps. Y es como si la memorización, la nostalgia y la curiosidad se estuvieran acabando. No me preocupa ni me alegra. Me intriga. ¿Cómo será la vida sentimental de los que están naciendo hoy?
La remesa
Un día vi en un cómic gringo un aviso de una colección de soldados de plástico. Yo tendría 7 u 8 años. Escribí a la dirección que había en el aviso y, varias semanas después, me contestaron con una carta manuscrita: no, lo sentían mucho, no enviaban los soldados por correo internacional (eran los 70) pero, ¡me había llegado una carta! ¡A mí! Fue tan importante, que aún lo recuerdo. Cuando estuve en el ejército en los 80, en la Península del Sinaí, era una alegría recibir correo, que por lo general era inesperado. ¿Qué será, de quién? Ahora espero la remesa de algo que yo mismo pedí por Amazon y cuando me avisan que tengo un paquete, no me pregunto qué será ni de quién. Sé que se trata de algo que yo mismo pedí y, como puedo hacer varios pedidos al mes, la única inquietud es “¿cuál será?” Es la autosatisfacción reemplazando a la sorpresa.
#SinFiltro
Soy usuario de Instagram y, como tanta gente, la uso sobre todo para subir fotos mías y para ver fotos de otros. Sé que está poblada de memes ingeniosos y también de matoneo virtual, pero para mí sigue siendo una red amable. Sin embargo, en muchas de las páginas que sigo veo fotos de Cuba, sobre todo de la Habana. Y todos suben fotos de los carros viejos, de los edificios antiguos y de escenas con un toque romántico. Estuve en Cuba hace cuatro años durante un mes y vi cómo la gente la pasa mal, pasa hambre. No hay nada ideal en La Habana y sus ruinas gloriosas. Gloriosa y necesaria fue también la Revolución, por supuesto, pero ya no; sus logros en medicina y educación siguen siendo ejemplares, pero no hay comida. Y en cuanto a los carros de los años 50, no le veo nada de cool a desgañitarse haciendo las partes porque a uno le han sido negados los beneficios de la tecnología de los últimos 60 años.
Humanos Anónimos
Debería haber algo como Alcohólicos Anónimos pero dedicado a la condición humana en general. Algo así como: “Hola, soy Pacho, soy humano y llevo un día (o dos, o veintitrés o veinte mil) tratando de ser mejor persona”. Más responsable, más considerado, más ordenado. Lo que sea. Y que se llamara Humanos Anónimos. “Soy impotente ante los embates del día a día. Creo que un ser superior puede mostrarme el sentido común. Aprenderé a hacerle caso a mi intuición, pero también a la razón y a la evidencia” y todos esos pasos que no conozco y que no me importan y que me parece que deberían adaptarse a ese gran vicio de ser demasiado uno mismo (del que, por supuesto, se derivan todos los otros vicios).
Síntesis
Estaba de paso por Bogotá y una noche fui a visitar a una amiga. Cuando salí y mientras esperábamos a que llegara el taxi, el portero del edificio le habló: “¿Cómo le parece, doctora? ¡Cómo será en los parques ahora! ¡Imagínese!” Se refería a que la Corte Constitucional había anulado una interpretación del Código de Policía que sancionaba el consumo de alcohol y de sustancias psicoactivas en los parques públicos. Ahora se puede consumir… ¡Como toda la vida!, con o sin código de Policía, porque con la excepción de los adictos severos, que por lo general son habitantes de la calle con problemas psiquiátricos, los “burros” y los borrachos no están en los parques a la misma hora que las familias; mientras que unos están en los parques, los otros duermen. Ante el silencio de mi amiga y mío, el portero hizo una pausa y agregó: “Y se nos fue Jota Mario…” Se refería a la muerte de un presentador de televisión de los 80 más bien soso, olvidable. Un empleado de una empresa de vigilancia privada, esa forma de paramilitarismo, el consumo de sustancias psicoactivas en el país que ha hecho evidente la ineficacia de la prohibición, y un presentador de televisión, ese medio cuyos contenidos locales solo sirven para embrutecer a la gente. Todo en una sola conversación.
La empatía
De lo que más me gusta es fumar y los de las aeronáuticas son los únicos que parecen comprender lo que significa la adicción a la nicotina. En los aviones hay un cuadernillo en el que advierten que está prohibido fumar en el vuelo y las azafatas lo dicen en sus anuncios del despegue. Como si eso no bastara, aclaran que la prohibición incluye también a los cigarrillos electrónicos y en los baños advierten que no se puede tratar de alterar el detector de humo: hacerlo es un delito punible que trae también una multa cuantiosa. No, no se puede fumar cigarrillo, tampoco cigarrillos electrónicos, en el baño tampoco y si pretende hacerlo y para ello alteraría el detector, eso también está prohibido. Esa claridad del mensaje y esa reiteración hacen que me conforme aunque sea un vuelo de muchas horas. Más que intimidarme las sanciones, es la comprensión de sus redactores lo que me disuade. Me parece una forma de la empatía.