Francisco José de Caldas (1768-1816) fue uno de los próceres de la Independencia de Colombia. Un aristócrata provinciano, ilustrado, genial, botanista y homosexual, Caldas fue condenado a muerte por los españoles. De camino al cadalso traza la letra Ɵ (Theta) en un muro; representa Thanatos: «muerte» en griego. Alguien ve la grafía Ɵ. Parece una “o” mayúscula partida por la mitad. ¿Qué querrá decir?, se pregunta. «¡Oh larga y negra partida! ¡Pero claro!» Esa fue la versión que escuchamos todos en la infancia. ¡Oh, colombianidad!
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Años de soledad
En su ristra habitual de lugares comunes, nuestra pobre prensa conmemora cada año el aniversario de la publicación de Cien años de soledad. Y como lo hacen cada año, reproducen los testimonios y los recuentos de siempre (lo de Álvaro Mutis, lo de Francisco Porrúa, lo de Mercedes Barcha, etcétera). Y está bien: para unos siempre es grato releerlos y para las nuevas generaciones conocerlos. Y al tiempo registran el aniversario del lanzamiento de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles. ¿En serio tengo que explicarlo? ¿No ven el paralelismo tan obvio? En vez de refritar lo de siempre, ¿cómo no se les ocurre compararlas? Pero, ¿cómo? Lo primero es que estas dos obras maestras marcaron al tiempo el encuentro entre la cultura popular y la alta cultura. Por eso “se parecen”, para empezar. ¿Y cómo es que a ninguna editorial se la ha ocurrido hacer una pórtada de Cien años de soledad parecida a la de Sgt. Pepper’s con todos los personajes?
Contracorriente
Soy moderado por naturaleza y no por virtud, así que no me ufano de ser contestatario ni rebelde –apenas lo necesario, supongo. Pero en un Día de la madre me fui a caminar solo al Páramo de Chingaza (no celebro esa fiesta porque mi madre murió hace años, pero igual la aborrecía cuando ella vivía). Salí temprano en la mañana y aún no había carros en las calles, lo que me permitió llegar rápido; en el Páramo había poca gente y los que estaban se veían todos amables y aventureros; en el sendero que cogí, apenas si me crucé con un par de caminantes. Fui feliz. Al salir, después del mediodía, tomé la vía de La Calera hacia Bogotá y, claro, en esa dirección no había carros. En la dirección contraria, el trancón era de kilómetros y la gente se veía irritada e impaciente. Yo manejaba rápido y feliz oyendo Bob Dylan. ¿Cómo es posible que la gente se haga la vida miserable siguiendo unas costumbres ridículas y sin sentido? Ayer fui a contracorriente literalmente y me sentí pleno. Y por eso quisiera que más gente lo probara más a menudo. Porque eso es educarse.
Dar papaya
Una tarde pasé por la estación de Trasmilenio Alcalá y me recibió una banda papayera de policías bachilleres frente a la taquilla. ¿Qué hacían ahí? ¿Animar? ¿Prevenir el delito? Estorbaban el acceso de los usuarios. Subí por el puente peatonal; en los barandales de las rampas hay vendedores ambulantes que dificultan la circulación, invaden el espacio público y representan un riesgo en caso de que hubiera una evacuación de emergencia. Me alejé. Al fondo seguía sonando la papayera. Y de nuevo pensé en que los colombianos tenemos que tirarnos todo, dañarlo, romperlo.
Oráculos
Mi vida, de la que trato de ser consciente, se desbarata cuando se daña mi carro, cuando tengo que ir al banco y cuando me enfermo. Entonces, todo lo que pienso sobre la existencia, sobre el destino o sobre el autoconocimiento, queda hecho trizas. Quedo a merced de lo que digan el mecánico, la empleada del banco o el médico. Sus palabras son la verdad. ¿Qué me importa la trascendencia de mi alma cuando me explican que se dañó la bobina del carro y que por eso tengo que pagar doscientos mil pesos? ¿O que el banco solo me puede prestar el 70% del valor de un apartamento que quisiera comprar? ¿O que tengo que dejar el pan blanco porque irrita el colon?
Eludir al sistema
Me da como ternura este anuncio que la gente pone en su muro de Facebook: “Con razón !! ya decía yo que no veía las publicaciones de casi nadie !! (…) Novedad en Facebook!! OJO. La sección de noticias de facebook nos hace ver solo las publicaciones de las mismas personas pocas personas (…) porque ha implantado un nuevo algoritmo ,Dado que quiero elegir yo mismo las personas de quien recibo noticias (…) De lo contrario Facebook elije las noticias que recibo y yo no necesito que Facebook elija a mis amigos .No dudes en copiar y pegar en tu muro esta información,para que puedas tener mas interacción con todos tus contactos (…) y eludir el nuevo sistema”. Su desconocimiento de cómo funcionan las redes sociales solo se compara con su desconocimiento de la gramática. ¿De qué están hablando? Facebook es una empresa privada avaluada en 435 billones de dólares, es la punta de lanza del capitalismo. Y todos participamos en ella. Claro que Facebook hará lo que le dé la gana con mis publicaciones y mi cuenta. Son de ellos. No se puede “eludir el nuevo sistema”, eso sería como invitar a la gente a que cancele sus cuentas bancarias para no seguir alimentando al sistema financiero, para eludirlo. Loable, sin duda, pero, ¿cómo cobramos nuestro salario? ¿Cómo pagamos las cuentas? ¿Cómo pedimos un crédito?
Mi zona de confort
Hace ya varios años que oigo la estupidez esa de “la zona de confort”. ¿De dónde saca la gente esas cosas? Me explico, ¿hay una secta o un gurú del que todo el mundo sabe, menos yo? ¿O sale en las revistas que la gente lee en las peluquerías y después hablan de ello? Ni idea. Pero si lo he entendido bien, es algo así como que todo el mundo está en «su zona de confort” así la esté pasando terrible y no está dispuesta a “salirse de su zona de confort” sino hasta que un evento inesperado (¿Un tsunami? ¿Un cáncer? ¿Un disparo?) «lo saca de su zona de confort”. Y además, ¿por qué dicen «confort» si pueden decir “comodidad” y además es comfort, con eme?